2.1. Concepto y características de la comunicación y de la información. [1].
Del conjunto de explicaciones en
el estudio de la teoría de la información y de la teoría de la comunicación humana tenemos diferentes
interpretaciones, que a través del tiempo se han impuesto tanto como autores,
escuelas de estudio, líneas de investigación, teorías sociales o difusiones de
textos. El problema de relacionar o empatar a la información con la
comunicación humana en la sociedad contemporánea nos lleva también a ámbitos
políticos, económicos y culturales; también a revisar materias como la
sociología, la antropología y la
psicología, que desde la tercera y cuarta décadas del siglo que termina, han
centrado su interés sobre los efectos que los medios de comunicación colectiva
producíen en la sociedad.
Hoy,
ante dinámicas tales como la globalización, regionalización e interdependencia,
es necesario releer el fenómeno comunicacional, atendiendo a los mecanismos,
medios y procedimientos empleados en la producción y en la distribución de los
elementos informativos que se reciben cotidianamente.
El
desarrollo de nuevas tecnologías, (satélites, Internet, realidad virtual, teleconferencia, productos multimedia,
videoteléfono y otros logros de la tecnología de las últimas décadas)[2], obliga a realizar un
análisis, o por lo menos una aproximación hacia las implicaciones que el uso
cada vez más amplio de estos medios
tiene para el hombre.
El
realizar una explicación sobre las diferentes teorías desarrolladas, el estudio
de la información, busca brindar un elemento introductorio, que muestre en su
contexto, no sólo material, sino también en el de la discusión teórica, el
estudio de las nuevas tecnologías y su funcionamiento. Además, constituye una
preparación para abordar una teoría como la del caos y disciplinas como la
comunicación política; particularmente se presenta una descripción de una
novedosa tecnología: la realidad virtual, que se ha constituido en un medio
alternativo de comunicación.
Un
aspecto que también debe considerarse es el hecho de que continuamente se ha
ubicado a la teoría de la información al lado de la llamada “teoría de la
comunicación”, e inclusive se ha llegado a marcar una línea tajante entre el
significado de comunicación e información (Pascuali). Esta cuestión vista desde
un examen epistemológico ampliado, resulta ser más el producto de una posición
ideológica, que de un análisis serio del objeto de estudio.[3]
En
instituciones universitarias y en diferentes textos que abordan este tema, se
desvió su explicación durante años de la relación de la información y la
comunicación, y no pueden dividirse como si fuesen universos disociados. Si la
comunicación es un proceso social en que intervienen una serie de códigos,
sistemas de señales, sistemas simbólicos, imaginarios colectivos y otros
elementos, entonces es posible afirmar tentativamente que no hay información
fuera de un proceso comunicativo, pues la información en sí misma relaciona
aquellos sistemas y códigos que constituyen a la acción comunicativa.[4] La oposición entre
comunicación e información es un falso dilema, dialogar no significa
necesariamente comunicar, ni informar supone negar la comunicación.
De
hecho escribir en estos términos “comunicación-información” ya produce la caída
en un juego ante el cual la salida es difícil, pareciera que a) el bien
es la comunicación y b) el mal la información. Trabajar en el
conocimiento teórico con estas oposiciones entre lo negro y lo blanco sólo
conduce a la extrema simplificación y a cancelar las posibilidades comprensivas
ampliadas.
Algunos
teóricos en los años sesenta, setenta y aún en los primeros años de los
ochenta, vieron en la información el “dar forma”, esto es, el conducir,
moldear, inferir o manipular la conciencia del receptor. Así, la información se
convirtió en sinónimo de verticalidad, autoritarismo, ideología y poder al
servicio del Estado y de su clase hegemónica: la burguesía.
En
ese sentido el receptor estaba inerme, indefenso y pasivo ante el poder de los
mensajes que se transmitían, por ejemplo, en la televisión, al receptor no le
quedaba otra cosa que estar allí sentado, siendo la víctima permanente de los
mensajes ideológicos que reproducían las condiciones alienantes y explotadoras
del modo de producción capitalista.
Por
otra parte, a la comunicación se le “conceptualizó” como una praxis dialógica,
entre iguales o con voluntad de igualarse, en donde el emisor podía convertirse
en receptor y viceversa, la comunicación fue democrática, la información
autoritaria. Con este enfoque se criticó a los "medios masivos de manipulación" por “informar” sólo los intereses del
capitalismo internacional, y colonialista, y por defender el poder de una clase
y el status quo presente.
Con
este enfoque también se establecía una crítica a las investigaciones ubicadas
en lo general dentro de la Teoría de la
Información, señalándolas como positivistas, pragmáticas,
estructuralistas, cientificistas, aliadas ideológicas del capitalismo y del
imperialismo, fueron también señaladas como tentativas “burguesas” y “traidoras”
a la causa de la revolución socialista, de la democracia y del movimiento
consiente del proletariado internacional.
Al
margen de estas acusaciones que surgen de una ideología de la exclusión, es
necesario establecer que comunicación e información no son categorías opuestas,
disociadas ni en tensión permanente. Toda esfera comunicacional precisa
información, toda información comunica, es la persona humana la que discrimina,
selecciona, y ejerce su poder critico sobre los contenidos de una práctica comunicativa.
Las
nuevas tecnologías comunicacionales serían incomprensibles vistas desde la
parcialidad ideológica comunicación-información. El software educativo, la teleconferencia, el Internet y la
realidad virtual convocan a repensar el hecho de que la información no sólo
comunica en un diálogo, sino que existe la posibilidad de transferir simultáneamente color,
sonido, profundidad y espacio.
Estamos
asistiendo desde los complejos organizadores de la información a esferas
comunicacionales que generan una nueva percepción de los sentidos, donde se
puede generar espacio en el espacio y tiempo en el tiempo. Por ejemplo, hoy
existe la posibilidad de que los estudiantes de historia puedan “estar” ante
las culturas, maya, olmeca, tolteca y otras más, “viendo” e incluso “tocando” y
“escuchando” los “hechos” de esas historias.
Oportunidad
enorme, compleja y contradictoria, “ver” y “sentir” la historia mediante un
instrumento será en los próximos años el eje de una profunda mutación en las
coordenadas educativas y de múltiples ámbitos sociales. Llega el tiempo para la
“reconstrucción” artificial, las historias vividas, mundo virtual o sintético
que pese a su presencia en la máquina no debe excluir la comprensión ni la
interpretación.
Finalmente,
en estudios realizados en el interior de la teoría de la información existen materiales básicos para la
construcción de síntesis tecnológicas como los radares, las computadoras, la
transmisión satelital, las repetidoras de canales de televisión, el
almacenamiento de masas informativas como bibliotecas enteras e Internet.[5]
Es
decir, la teoría de la información se ha colocado en el centro de los estudios
sobre qué hacer con la información, cómo garantizar que los mensajes sean
recibidos tal como se enviaron, cómo transmitir mensajes con el mínimo de
interferencias, y cómo organizar la información dentro de máquinas e
instrumentos para ser empleada por las personas. Para tales fines, esta teoría
se ha alimentado de ciencias como física y matemáticas y de aplicaciones de
éstas como la cibernética, la estadística,
la teoría de sistemas y las ciencias computacionales.
Una aproximación al problema de la información
A partir de la revolución
industrial surgen una serie de necesidades por reorganizar las fuerzas
productivas y, en consecuencia, una modificación de las formas de vida
existentes. En el siglo XIX se generan esfuerzos por reestructurar las cadenas
productivas, y el fordismo y el taylorismo serían centros reguladores en la
nueva organización y distribución del trabajo.
Si
bien con la revolución industrial se experimentaron cambios que definirían el
rostro de occidente, las transformaciones de los años próximos al fin de siglo
son, como lo señala Eric Hobsbawm, además de complejas, de una velocidad
impresionante, que hacen, por ejemplo, que una computadora sea obsoleta después
de tres o cuatro años de su creación.
El
mundo está cambiando prácticamente cada cuatro o seis años, la velocidad del
cambio resulta incontenible, en ocasiones es abrumador y supone tanto
oportunidades para el desarrollo, como condiciones de exclusión dramáticas para
las sociedades más pobres que no pueden acceder a las fuentes nuevas de riqueza
mundial, entre éstas la tecnología.
Este
contexto es relevante para comprender el papel que desempeña la llamada teoría
de la información. La agresiva competencia internacional por los mercados, que
tiene su base en una capacidad de producción enorme, exige a las empresas
universalizar sus códigos de entrada y salida de mercancías, y que los procesos
productivos, desde la organización interna de los sectores económicos hasta la
venta a los consumidores, estén cimentados sobre procesos comunicacionales
eficientes, instantáneos y organizados.
El
hecho de que las ciencias computacionales, la robótica, y la bioingeniería
tengan sus bases en lenguajes codificados de manera específica (estudiados
principalmente por la informática y la teleinformática), hace indispensable la
existencia de modelos operativos que permitan el uso y el manejo de las
informaciones contenidas en dichos códigos y lenguajes, lo que está situado más
allá de una simple postura "funcionalista".
Es necesario considerar la
problemática de las nuevas tecnologías, el papel que desempeña la información,
sus relaciones y efectos sociales, pues de hecho resulta multidimensionales. De
esta forma, el fenómeno de la información abarcaría desde los conocidos “medios
masivos” hasta los procesos de organización productiva. He aquí una
especificación: los vehículos transmisores, de acuerdo con lo expresado por
Mcluhan, se han convertido en múltiples ocasiones en los mensajes mismos.[6]
Teoría de la información. Orígenes. [7]
¿Cuál
es entonces el contenido de lo específico de la teoría de la información? “El
proceso básico de la Teoría de la Información se refiere siempre a la cantidad
de información y no a su calidad, a su
contenido o a su significado. En estos términos, el problema del vehículo que
transmite el mensaje no puede desligarse del problema de la propia configuración
y organización del mensaje, de la organización de las señales que forman ese
mensaje”.[8]
Esto
no quiere decir, que la centralidad de los estudios sobre la información deba
estar en los medios utilizados para su transmisión, sino en la manera en cómo
se vinculan estos transmisores con el proceso mismo, cómo alteran o modifican
el mensaje (si es que eso sucede) y cómo es que el uso de un medio y no de otro
influye en la percepción de las señales enviadas.
La
teoría de la información surge estrictamente a partir de los estudios
realizados por Shannon en la década de los cuarenta, cuando afirma que puede
haber una relación entre la cantidad de información existente y el de entropía.
La importancia de esta afirmación estriba en las posibilidades de aplicación
práctica que Shannon imaginó, siendo la principal, la de reducir a un mínimo la
pérdida de los elementos del mensaje emitido o su distorsión. [9] A pesar de las ventajas
que reporta al proceso comunicativo la aplicación de los postulados de la
teoría de la información, algunos autores plantean dificultades tanto teóricas
como prácticas a dicha teoría. [10]
Dos
de ellas son las siguientes: una, la de si es posible eliminar o prever
espontáneamente los errores de información y comunicación dentro de cualquier
sistema de transmisión, y la de las diferencias resultantes en las conclusiones
y las relaciones existentes entre los estudios de autores como Kolmogoroff,
Sinai y Rohlin y los postulados originales de Shannon.[11] Sin embargo, hoy llegan a
negar la utilidad de la teoría de la información agregando que “verdaderamente
no vale la pena aprenderla.”[12]
En
este contexto y con relación a los cambios que experimenta el hombre en sus
relaciones con las máquinas “inteligentes”, diversos institutos de creación e
innovación tecnológica han encomendado a humanistas y filósofos la elaboración
de reportes constantes sobre las repercusiones positivas o negativas que puede
tener para el hombre el hecho de delegar funciones sobre máquinas, hasta el
grado de ser superado en algunas operaciones que requieren respuesta inmediata
(como es el caso de los complejos cálculos astronómicos, químicos o físicos
exigidos por la ciencia contemporánea).
Los
encargados de estos reportes, con el tiempo hacen hincapié en la dificultad que
presenta la teoría de la información, pues ésta, como se mencionó arriba,
centra sus investigaciones únicamente en la definición de cantidades de
información enviada y recibida, en otras palabras, estudia sólo el fenómeno de
la información en tanto fenómeno de entropía.
Eirck
Crosson y Kenneth Sayre, estudiosos del Centro de cálculo y el Centro para el
Estudio del Hombre en la sociedad Contemporánea, de la Universidad de Notre
Dame, quienes han formulado la posibilidad de que la teoría de la información
no sólo estudie a la información como un hecho entrópico o estadístico, sino
que a esos análisis agregue o proporcione nuevos datos acerca de los aspectos
de significación dentro de la comunicación.
Por
ejemplo Weaver, aunque reconociendo la disparidad entre la información técnica
y la información semántica como tal, manifestó su convicción de que, a causa de
la teoría de la información, ya estamos preparados para una “teoría real del
significado”[13].
Y Bar Hillel, después de negar cualquier pertinencia del concepto técnico de la
información a la semántica, sugiere que podría resultar que el cálculo empleado
por la teoría de la información fuese él mismo una herramienta formal poderosa
para la semántica y la semiótica.»[14]
Por
ende, es esencial abordar el campo de la cibernética[15] que al incluir en su
terreno a la teoría de la información, propicia que el proceso de comunicación
se realice entre hombres, entre máquinas, y entre hombres y máquinas. En la
cibernética la comunicación se concibe como un instrumento de control.
La
importancia que tiene la cibernética en los estudios comunicacionales deriva de
las consecuencias de su aplicación. Mientras la cibernética trata de establecer
una teoría matemática para los sistemas de control (esto es las máquinas
automatizadas que funcionan por medio de lenguajes codificados) como principio
universal, los teoremas de Shannon (publicados en 1947), que en mucho retoman
las ideas aportadas por la cibernética, se aplican a todo tipo de comunicación.
Otro
concepto base dentro de la teoría de la información aportado por la cibernética
es el de feed back o
retroalimentación, según la cual es la capacidad de una máquina para utilizar
los resultados de su propio funcionamiento a modo de información para regularse
a sí misma. Este concepto ha tomado una especial significación, pues se ha
convertido en parte de una jerga, y se le llega a considerar como un proceso
continuo entre personas, cuando se refiere un proceso interno de máquinas o que
en su caso puede ser dado en una relación hombre máquina como en el caso de la
computación, Internet y realidad virtual.
Este
concepto puede ser traducido como “retroalimentación”; es una técnica de
control que compara a cada instante el resultado de un proceso con un patrón
preestablecido. Cuando hay desviaciones, el sistema controlador actúa en el
sentido de restablecer el patrón deseado. [16]
Esta
es, en efecto, una de las principales tareas planteadas por la teoría de la
información: de qué manera pueden ser identificados los errores, la
interferencia o los ruidos en la información, y no sólo cómo pueden ser
identificados, sino que se plantea cómo corregirlos automáticamente en el
instante en el que se presentan.
Así
visto, el feed back puede entenderse
como un elemento de retroalimentación que los ordenadores o las máquinas
automatizadas utilizan para corregirse a sí mismas, es una especie de capacidad
para adaptarse a las dificultades que presenta el entorno o que presenta la
propia máquina u ordenador en el momento de estar funcionando.
Dentro
de la teoría de la información, la cibernética puede considerarse como una
teoría del mantenimiento del orden en un sistema, ya sea natural o artificial
(sistema en el sentido de sistema de información). Esta idea del orden, al
mismo tiempo conduce al concepto de entropía, obliga a hacer uso de la
estadística, ciencia auxiliar en los estudios de la teoría de la información.
La
idea de la información en su sentido técnico, llevó a Hartley al intento de
construir una medida de las relaciones de transmisión en los sistemas
eléctricos de comunicación. “La medida de Hartley era una expresión algorítmica
en términos de las decisiones binarias necesarias para caracterizar de un
manera única un estado de mensaje dado, y a la cantidad de medida por esta
expresión se llamaba ‘información’.”[17]
Shannon,
Wiener y Brillouin continuaron utilizando, aunque con algunas especificaciones
el término en ese mismo sentido, hasta llegar a enunciar que “La información es
una función estadística de las alteraciones dentro de un sistema de
comunicación que incluye: 1) un
emisor capaz de seleccionar un conjunto específico de estados de mensajes entre
una serie de estados posibles; 2) un
canal a través del cual pueda indicarse la selección del emisor; y 3) un receptor capaz de descifrar esta
indicación para determinar los estados de mensajes específicos seleccionados
por el emisor.”[18]
Dentro
de la teoría de la información es necesario considerar la probabilidad. La
teoría de la probabilidad en tanto cuerpo coherente de conocimientos,
proporcionará su vocabulario a la teoría de la información.
Así,
presentando un ejemplo, en el análisis de la información, antes de seleccionar
cualquier estado de situación de mensaje (es decir, el mensaje mismo), existe
una posibilidad menor de cien por ciento de que esa selección sea la correcta.
Después de haberlo seleccionado, la posibilidad es de 100%. Ahora bien, este
cambio de posibilidad que va del emisor al receptor es lo que se considera como
información.[19]
“Por
tanto: información, en el sentido técnico, es un cambio, para el receptor de
las probabilidades indicadas, como resultado de la selección real entre
posibles estados de mensaje, por parte del emisor, en el extremo opuesto del
canal de comunicación.”[20] La transmisión de la información se realiza en bits,[21], sin embargo, dentro de
los procesos y los canales reales de comunicación difícilmente son únicamente
dos, tres o cuatro los estados de mensaje posible, lo que es más, los estados
posibles de mensaje son difícilmente identificables y la transmisión de
mensajes se realiza más bien en términos de conjuntos (unidades que agrupan a
varias situaciones), que en estados de mensajes únicos.
A los estudiosos de la teoría de
la información esta observación les ha permitido proponer que a pesar de la
disparidad entre la información semántica y la información técnica, es posible
asignarle una medida en dígitos binarios de información a cualquier tipo de
comunicación que se ponga en práctica entre dos
personas, entre una persona y una máquina o inclusive entre una máquina
y otra. Algo fundamental en el trabajo de Wienerfue su interés hacia la interacción humano-humano y humano-máquina. Wiener notó que en ambos procesos el
mensaje o la orden se va, y un mensaje de vuelta o una señal de conformidad
regresa. Un ciclo completo que involucre la realimentación es necesario en
ambos casos. Wiener sintió que fuera
una persona o una máquina el intermediario de una señal que no podría cambiar
grandemente la relación de uno con la señal. Observó, asimismo, que las
similitudes entre las interacciones humano-humano y humano-máquina pesan mucho
más que sus diferencias. Tal posición en una teoría de la comunicación le
permitió ser atacado, un poco erróneamente, como un antivitalista.[22]
La
entropía es un concepto que surge a partir de los estudios de la física,
específicamente dentro de la termodinámica, en los cuales se indicaba una
medida estadística de pérdida de energía. De acuerdo con la segunda ley de la
termodinámica, en el sistema natural existe un proceso irreversible de consumo
y pérdida de energía, mismos que llevan hacia tendencias naturales más estables
y no a estados menos uniformes.
De
esta manera, el sistema natural contiene en su seno tendencias entrópicas
inherentes y con estados de equiprobabilidad máxima de ocurrencias de
fenómenos. La medida estadística de estos estados es la entropía. Por ello, hay
que ponerle especial atención al postulado de esta Ley de la Termodinámica, pues será en su revisión crítica uno de
los sustentos principales de la teoría del caos.
La
entropía puede considerarse como lo opuesto, o la contraparte de la
información. Esto es, si la entropía es la medida de la desorganización y del
desorden que puede imperar en un sistema, y la información es, al contrario, un
patrón, una medida de la organización de un sistema. Interprétese de la siguiente
forma, a mayor número de mensajes o variables conocidas, menor información. En
un juego en el que es altamente probable que “x” aparezca primero que “y”, la
información recibida es mínima.[23]
De
esa forma, entropía negativa = información. La idea de “información” va ligada,
incluso de manera intuitiva, a la idea de sorpresa, de inesperado, de
originalidad. Cuanto menos previsible, o más raro es un mensaje, mayor es su
información -recordando siempre que la estructura, el patrón (pattern), es la información más
importante de un sistema. Por otra parte, como cualquier sistema de
comunicación, posee una tendencia entrópica, la noción de “ruido” tiende a
identificarse con la noción de “entropía”.[24]
La
generalización del concepto de entropía ha permitido analizar los sistemas
técnicos de información y establecer una relación entre la cantidad de
variables conocidas y la cantidad de información recibida. A saber, en un
idioma cualquiera, si se quiere saber la ocurrencia en el uso de una letra o
una palabra, mientras menos frecuente sea o la combinación de símbolos (versus
expresión-proposicional) en el idioma en cuestión, más información (versussignificado) trasmitirá su ocurrencia.[25]
Las
diferencias de formas y funciones dentro de un sistema dado, conducen gradualmente
a un cierto orden al interior de las estructuras existentes; al contrario, una
consecutiva gradación de indiferenciación de formas y funciones conduce al caos
y al desorden. “En la desdiferenciación de formas y funciones, tendríamos la
tendencia caótica o entrópica, cuyo punto extremo sería la uniformidad general,
el caos, donde no habría posibilidad de información ni intercambio posible de
información, pues ésta empieza sólo donde haya un mínimo de diferenciación, un
mínimo de alternativa sí/no -o sea, un bit de información.”[26]
En
síntesis, podemos enumerar los procesos comunicativos que le interesan a la
teoría de la información:
a) Determinar la cantidad de información que
puede contener un flujo de mensajes. La posibilidad de este cálculo se
establece a partir de la relación entre el número de señales distintas
efectivamente conducidas en el mensaje, y el número total de señales distintas
de que se dispone para transmitirlo en la fuente. Dicho de otro modo, se trata
de calcular la previsibilidad de las señales.
b) Determinar el canal o red de comunicación
alternativo, por la que puede circular más información (mayor número de
mensajes por número de señales), con más rapidez y a mayor número de usuarios.
c) Determinar la forma de codificación, es decir, de organización
de secuencias de señales, que permite con mayor simplicidad discriminar sin
ambigüedad mayor variedad de mensajes.
d) Determinar los efectos que sobre la decodificación
(es decir, la identificación correcta de las señales empleadas y de su secuencia)
puede producir las perturbaciones introducidas durante el transporte de la
información. Estas perturbaciones pueden generarse por la falta de capacidad
del canal o por la apertura de este canal a otras señales externas al mensaje como lo pueden ser los
ruidos.
Todo
esto, a su vez, puede resumirse en que la teoría de la información busca medir
y verificar las condiciones óptimas para la transmisión de mensajes. Estas
condiciones requieren:
1.
Que el número más reducido posible de señales se ajuste a la mayor cantidad de
mensajes diferentes posibles.
2.
Que se seleccione el canal más apropiado para hacer circular más a la
información y al mayor número de usuarios.
3.
Que se construya el código más rentable para el mayor número posible de
mensajes y con la menor ambigüedad en su determinación.
4.
Que se limiten al mínimo los riesgos de la distorsión y el ruido en la
transmisión, provocados por aquellos fenómenos con los que forzosamente hay que
contar al no poder ser eliminados de naturaleza. El logro de este objetivo
peligra cuando no se dispone de la capacidad para evitar las distorsiones y los
ruidos introducidos por el medio o el entorno natural; por eso es necesario
reducir la imprevisibilidad de los mensajes (cantidad de información) o, lo que
es lo mismo, aumentar la redundancia (en los términos descritos por Shannon).
Si
se considera que las diferentes teorías acerca de la información son parte de
las ciencias empírico analíticas, no está por demás recordar que la noción de
información en esta teoría tiene un carácter fundamentalmente técnico, noción
que supone la existencia de señales, que, dentro de la información, implican:
a) Una materia sobre la que un
agente (emisor) aplica un quantum de energía en virtud de la cual su materia
resulta modificada.
b) Un intercambio energético entre
la materia modificada y su entorno, de modo que por ese intercambio surjan las
modulaciones.
c) La posibilidad de que las
energías moduladas por dicho intercambio salven una distancia espacio-temporal
entre un agente emisor y un agente receptor.
d) Un agente (receptor) capaz de
captar ese intercambio procedente (entre la materia y el medio) en forma de
estímulos energéticos que impresionan algunos de sus órganos receptores. Los
agentes emisor y receptor pueden ser actores (animales o humanos) o máquinas, o
ambos.
En
términos comunicacionales, lo que le interesa a la teoría de la información
acerca de los intercambios de señales es el modo en que operan un conjunto de
modulaciones energéticas susceptibles de ser emitidas y captadas por los
actores de la comunicación, es decir, el análisis del transporte de energías
modeladas se analiza en la comunicación porque es posible construir niveles:
· Biológico, perturbaciones del equilibrio homeostático, como cualquier
otra energía proveniente del entorno.
· Sensorial, excitaciones de los órganos de los sentidos.
- De comportamiento, estímulos para la modificación de la conducta en la interacción.[27]
Debe
recordarse que la teoría de la información basa sus estudios en la cibernética,
la cual realza una homología entre el hombre y la máquina, homología instalada
en el seno de la teoría de la información, y se basa en tres elementos:
a)La retroalimentación o feed back, como función de control y
dirección del equilibrio homeostático (mecanismo de regulación del sistema).
b)Los sensores, circuitos y otros
dispositivos como partes de sus órganos electrónicos con unidades binarias de
información o bits.
c)La entropía, reacción en la
modificación de la conducta por el desorden y la falta de información en el
sistema.
Finalmente
queda decir que la teoría de la información está en el centro de diferentes
investigaciones relativas al manejo de procesos, instrumentos y medios
informativos, que van del diseño de esquemas que permitan un manejo eficaz de
la información, hasta enormes complejos informáticos. Se trata de una teoría
que aporta elementos para optimizar, regular y generar accesos a diferentes
acervos de conocimiento.
La
teoría de la información en su origen parte de diferentes perspectivas teórico
metodológicas como el positivismo lógico, el empirismo, el análisis de
sistemas, y de ciencias y disciplinas como las matemáticas, la física, la
cibernética, la termodinámica, la estadística, la probabilidad teórica y la
electrónica. Sus aportaciones están dirigidas hacia campos como la tecnología
aeroespacial, la informática y los sistemas inteligentes que operan en la
automación, la robótica y la
bioingenieria. En este conjunto de aportaciones una de sus líneas se orientó a
explicar el proceso de la comunicación humana, cuestión que generó airados
debates.
En
realidad la teoría de la información surge en las humanidades hasta la
aplicación que hacen las ciencias duras en los campos mencionados, y es hasta
la década de los sesenta cuando comienza a ser conocida en los estudios sobre
la comunicación humana y los medios de comunicación colectiva, derivando hacia
cuestiones como el análisis de contenido.
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